Seguro que has escuchado o leído más de una vez el término «lenguaje inclusivo», pero ¿qué es exactamente? ¿Serías capaz de usar este lenguaje en tu día a día?
El lenguaje es un reflejo de nuestra sociedad, y a medida que esta evoluciona y avanza en cuanto a la diversidad e igualdad, la lengua cambia y se adapte a ella. En este contexto, ha surgido no hace mucho el lenguaje inclusivo, que marca novedades tanto en la comunicación como en la traducción.
¿Qué es el lenguaje inclusivo?
Es una forma de expresión tanto verbal como escrita que tiene como objetivo respetar y no discriminar a ninguna persona u colectivo, ya sea por razones de sexo, género u identidad. Con esta nueva forma de comunicación se pretende evitar el uso de términos estereotipados o discriminatorios hacia grupos históricamente marginados, además de incluir otros grupos como personas con discapacidad, minorías étnicas, etc.

¿Cómo puedo incluir a todos estos grupos en mi forma de expresarme?
Para lograr esta inclusión, la lengua española ha desarrollado algunas estrategias –aunque la RAE, por ahora, no es muy partidaria de ninguna de ellas– de cómo aplicar este lenguaje inclusivo. Por ejemplo:
- Desdoblar las palabras: los y las estudiantes;
- Reemplazar sustantivos de género por términos más genéricos (la forma más recomendada y natural): «el alumnado»;
- Evitar incluir marcas de género: en lugar de «¡Bienvenido!», usar «¡Te damos la bienvenida!»
- Utilizar símbolos como «@», «e», «/» o «x» para incluir diferentes géneros (tod@s, todxs o todes), aunque es el menos recomendado ya que los sistemas de accesibilidad para personas ciegas, no saben interpretar estos símbolos y simplemente los leen.
¿Cómo afecta a la traducción?
Esta nueva tendencia se ha convertido en un verdadero reto a la hora de traducir, ya que impone nuevos desafíos, estrategias y responsabilidades para los traductores.
Para empezar, los traductores se topan con el debate de decidir si deben ajustarse al texto fuente o usar un lenguaje más inclusivo. Pero al final, la última palabra siempre la tiene el cliente. Por ejemplo, si deseas encargar la traducción del catálogo de productos de tu empresa, que incluye una bienvenida para tus clientes, ¿prefieres dejarlo todo en masculino genérico o hacerlo más inclusivo? Si, por ejemplo, eres una empresa que vende productos de jardinería, ¿prefieres dirigirte a tus clientes en masculino o ser más inclusivo?
Por otra parte, las diferencias entre los idiomas dificultan la tarea. Por ejemplo, es difícil mantener la neutralidad de algunos pronombres ingleses al traducirlos al español, ya que en castellano no existe un equivalente como tal, por lo que a veces el uso de pronombres como «elle», puede ayudar a los traductores en estas situaciones. De hecho, en la traducción audiovisual cada vez más vemos este uso de pronombres, solo hay que ver series como: And Just Like That… o Sex Education.
Si a la hora de traducir nos decantamos por desbolar, no siempre es una buena estrategia –aunque si es útil en algunos casos–, ya que puede hacer que el texto se vuelva muy largo y menos fluido que el original, lo cual puede afectar a su claridad y calidad.
Frente a esto, la transcreación, las guías de estilo o la neutralización, pueden ser herramientas útiles para ayudar a los traductores con el lenguaje inclusivo. Si optamos por la transcreación, podemos adaptar el mensaje y sustituir las palabras por una más neutra («el profesorado» o «el cuerpo docente», en lugar de «los profesores»). Otra opción, es servirnos de las guías de estilo (como la de la ONU) para saber cómo usar el lenguaje inclusivo de forma correcta. O, si todas esas estrategias no nos convencen, siempre podemos reformular las frases, usar la voz pasiva o emplear verbos impersonales para neutralizar las marcas de género en los textos.
En conclusión, el lenguaje inclusivo, lejos de ser una moda, cada vez está más y más presente en nuestro día a día. Esta evolución de la lengua es el resultado de la búsqueda de una igualdad comunicativa y social. A pesar de ser todo un reto para la traducción, seguimos actualizándonos e informándonos constantemente. Y, además, en la era de la Inteligencia Artificial, la creatividad del ingenio humano puede conseguir mantener el equilibrio entre la fidelidad del mensaje, la fluidez del texto y mantener la visibilidad e inclusión de todas las personas.
